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Comentario editorial

La gobernabilidad democrática

El mayor riesgo que enfrenta el gobierno del Presidente Ollanta Humala es, sin lugar a dudas, el sostenido deterioro que viene sufriendo su capacidad de gobernar, como consecuencia de la guerra que le ha declarado la dirigencia de la izquierda radical, especialmente Gregorio Santos de Patria Roja y Marco Arana de Tierra y Libertad.

Hay que señalar que las protestas sociales en el interior de país, especialmente las que toman como bandera de conveniencia al movimiento antiminero, están en la base de este deterioro de la gobernabilidad, y que esta situación viene agravándose desde hace un buen tiempo, ya que comenzó durante el gobierno de Alejandro Toledo y se acentuó durante el de Alan García. No obstante, este gobierno no ha hecho nada efectivo por revertir la situación y, por el contrario, ha contribuido a que el aumento de la violencia y la incapacidad gubernamental para hacerle frente de manera efectiva comiencen a verse como un peligro real para su estabilidad y la del país.

Han contribuido a este resultado algunos factores principales, entre los cuales se pueden destacar, en primer lugar, que el gobierno no haya contado con una estrategia para revertir una situación heredada ya en condición de alto riesgo. Los elementos utilizados de manera recurrente en los conflictos que hasta ahora han enfrentado han sido la declaración de emergencia como recurso para atenuar la violencia cuando se desbordaba; la aceptación parcial o total de las demandas; la concesión de ventajas económicas a la población alzada; y la impunidad para quienes habían cometido delitos, como medio para atenuar la tensión. De este modo, no solo no se están controlando los conflictos, sino se está mostrando a la población que la manera más efectiva de hacerse oír y obtener concesiones del gobierno y de hacerse políticamente visibles, vía la prensa, es mediante el reclamo callejero, violento y radical y el enfrentamiento con el gobierno central.

En segundo lugar, que no haya sido capaz de trasmitir una imagen creíble de autoridad. Probablemente el gabinete de Salomón Lerner fue el culpable original de esta situación, pero lo cierto es que cada vez se percibe más al gobierno como débil e incapaz de usar las herramientas legítimas para actuar dentro de un marco democrático y, en consecuencia, se le desafía cada vez con mayor audacia. Situación paradójica porque Humala era percibido como el candidato del orden.

Finalmente, algo que debe haber contribuido a los problemas y radicalización de algunos de los dirigentes que ahora lo combaten, es que el Humala candidato estuviera durante el largo periodo de sus dos campañas presidenciales en el lado de los que ahora se le oponen.

Dada a la situación a la que se ha llegado, es fundamental que el Presidente Humala reconozca la gravedad que enfrenta:

  • Ya van 15 muertos, cuatro de ellos de las fuerzas del orden.
  • Ha enfrentado tres conflictos mayores y en todos los casos los dirigentes que se le oponen han salido fortalecidos, por lo que no llama la atención que estos se multipliquen y amplíen a otros campos. Así lo está probando el SUTEP, cuya dirigencia, que pertenece a Patria Roja, podría estar buscando llevar los conflictos a las principales áreas urbanas.
  • La falta de respeto a las fuerzas policiales ha alcanzado niveles alarmantes: la turba no solo ha bloqueado carreteras y atacado vehículos, también ha atacado comisarias y secuestrado y disparado a policías; entre otros.

Y aún no se ha cumplido un año de gobierno.

En consecuencia, esperamos que el presidente Humala pueda concentrar sus esfuerzos para enrumbar su política actual en relación con la atención y solución de conflictos de naturaleza social. Esto debería requerir, como parte de una estrategia global, diferenciar lo que constituyen reclamos o aspiraciones legítimas de la población de aquellos conflictos creados como instrumento de lucha política. En este último caso se deberían incluir las acciones del movimiento antiminero y las de las fuerzas del narcotráfico, frente a quienes el diálogo y la negociación son inútiles y donde se debería aplicar el peso de la ley.

En el primer caso, el de los reclamos legítimos, se debería actuar con mayor prontitud, y tratar, incluso, de prevenir el estallido del conflicto. Para que lo primero pueda ejecutarse con un grado mínimo de eficacia se debe permitir que las autoridades responsables tengan el tiempo suficiente para elaborar sus planes, formar sus equipos operativos y ejecutar las acciones planeadas. Lo óptimo sería que el Ministro del Interior y el Jefe de la Policía fueran escogidos con el celo que corresponde y asegurar su permanencia por el resto del gobierno. Caso similar debería adoptarse para las fuerzas armadas. Nada conspira con más intensidad en contra de una acción eficaz que el cambio constante de enfoque y de responsables. En este corto período, el gabinete de Humala ha tenido ya tres ministros del interior. Debería también, revalorizar a las fuerzas policiales, aumentándoles sus remuneraciones, otorgándoles incentivos económicos para las labores de alto riesgo en las que participan, proveyéndolas del equipo y material que es necesario para su labor y no dejando que queden impunes aquellos que atacan, secuestran, disparan o asesinan policías.

Aunque queda poco tiempo, la gran oportunidad para que el Presidente Humala anuncie con solemnidad una nueva estrategia y un nuevo rumbo es el mensaje a la Nación que debe realizar el 28 de Julio. En las últimas semanas hemos visto la premura con la que se llevan a cabo acciones o se aprueban leyes dirigidas a todas luces a ser utilizadas por el Presidente en su mensaje de Fiestas Patrias. Esperamos que venza la tentación de centrarse en medidas efectistas de impacto inmediato en las encuestas, en desmedro de lo que son decisiones de fondo que van a influir en el resto de su gestión. El que elija acertadamente nos interesa a todos, ya que no exageramos al considerar que el deterioro de la gobernabilidad está amenazando el sistema democrático y la estabilidad del país.

Recesión mundial y medidas

Los riesgos de una desaceleración parecen materializarse. El comercio mundial se contrajo en abril (las exportaciones cayeron 1.4% y las importaciones 1.1%, según datos de la Organización Mundial de Comercio -OMC-), y el Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo levemente sus proyecciones de crecimiento para Estados Unidos. La crisis en Europa no da señales de mejora y China podría resultar afectada con una importante desaceleración en su crecimiento. En ese contexto, el Banco Central  Europeo (BCE) redujo su tasa de interés de préstamos de 1.0% anual a 0.75%, mientras que colocó en cero su tasa sobre los depósitos de los bancos. El Banco Popular de China redujo su tasa de interés de préstamos en 0.3%, que quedó en 6% anual; y su tasa de depósitos a 3% anual, desde 3.25%. Asimismo, el Banco de Inglaterra inyectó 50 mil millones de libras esterlinas a su programa de compra de activos, con el objetivo de apoyar a su economía en recesión (cayó 0.4% en el último trimestre de 2011 y 0.3% en el primer trimestre de 2012).