Macroconsult

Comentario editorial

Escenarios del segundo semestre 2013

La economía peruana -descontando el efecto de los días efectivamente trabajados- viene a un ritmo de 6% en el primer trimestre del año. Sin embargo, la cifra oficial de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) que reporta el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) ha sido 4.8%. Para el segundo trimestre esperamos una cifra oficial cercana a 6%, que contendrá un importante rebote estadístico en abril por los motivos vinculados a los feriados –más días efectivamente trabajados, fenómenos ya explicado en nuestro anterior editorial.

Sin embargo, en el segundo trimestre la economía ha sufrido dos choques que, de mantenerse o agudizarse durante el resto del año, pueden terminar por desacelerar el ritmo de crecimiento del PBI. El primero ha sido una caída importante de los términos de intercambio. En lo que va del mes de mayo con respecto al promedio observado durante 2012, los precios del oro y el cobre han caído 15% y 10%, respectivamente. De mantenerse el resto del año, se producirá una caída en el ingreso disponible, no contemplada en el escenario central de nuestras previsiones, que afectará la demanda interna, especialmente la de origen privado.

Para el resto del año el escenario internacional se presenta más complicado que el 2012 pasado. China  muestra problemas para alcanzar un ritmo de crecimiento cercano a 8%; Europa, sumida en indecisiones políticas sobre el curso a seguir, acentúa su recesión; y Estados Unidos, que venía con mejores perspectivas, está teniendo dificultades para sostener el crecimiento obtenido en 2012.

El segundo choque ha sido el cambio en las expectativas empresariales ocurrido en abril, que estaría vinculado a varios factores internos, entre los que destacan el acercamiento político del Presidente Humala al nuevo gobierno de Venezuela; la decisión -finalmente abortada- de comprar los activos de Repsol, que fue vista como un retroceso en la política económica de las últimas dos décadas; y los sonados enfrentamientos del gobierno con la pesca industrial.

Sobre los desarrollos externos no tenemos control y solo cabe hacer un seguimiento continuo a fin de adoptar a tiempo decisiones que nos permitan minimizar o contrarrestar sus efectos. Por otro lado, el deterioro de expectativas por causas internas sí se puede revertir. Las acciones y políticas que anuncie el gobierno en las próximas semanas, incluyendo los cambios ministeriales y en el mensaje de Fiestas Patrias serán muy importantes en ese sentido.

Mientras tanto, lo más probable es que los ingresos por las exportaciones totales caigan durante el año por una combinación de menor demanda externa, menores precios y menor tipo de cambio real, a pesar de las recientes presiones del sol a devaluarse.

El desempeño de la demanda interna seguirá dinámico, pero puede verse afectado en la medida en que el deterioro de los términos de intercambio erosiona el ingreso nacional. Sin embargo, la entrada de capitales que se espera en todo el año puede presionar a que la revaluación del sol continúe, por lo que sus efectos negativos sobre la actividad económica interna van a depender casi, exclusivamente, de las acciones adicionales que adopte el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) y el gobierno para neutralizarlas.

En caso de observarse una desaceleración de la dinámica económica en marcha, no se dejarán esperar las reacciones de las autoridades económicas, tanto en términos de la política fiscal como de la monetaria. Ambas pueden ayudar a contrarrestar las fuerzas recesivas que nos están alcanzando, especialmente del exterior, ya que las declaraciones que han dado esta semana el presidente del BCRP y el Ministerio de Economía han sido en este sentido.

Nuestro escenario actual sigue siendo un crecimiento de alrededor de 6.0% para 2013. En la medida que las fuerzas negativas que se han hecho presentes se disipen, podremos terminar el año dentro de este escenario. Sin embargo, de acentuarse los desarrollos negativos antes mencionados, la economía podría iniciar un proceso de desaceleración, más notorio hacia el cuarto trimestre del año.